Consejería Bíblica y Separaciones Matrimoniales.

Por Greg E. Gifford

Puede parecerte extraño, pero la consejería bíblica y las separaciones matrimoniales no es mi tema de primera elección. No lo es por muchas razones, pero parece ser un asunto muy frecuente, sobre el cual tenemos muchas preguntas y bastante incertidumbre acerca de cómo abordarlo. Es un tema popular. La consejería bíblica y las separaciones matrimoniales no es un tópico que yo escogería, porque no es precisamente algo emocionante para mí. De hecho, mientras me sentaba a reflexionar sobre las parejas a las que he ayudado en procesos de separación y en algunos casos de reunificación, recordé que, de las ocho parejas diferentes que puedo recordar en los últimos ocho años, no siempre fue un paisaje hermoso, no siempre fue algo bello, y la reunificación no siempre fue una experiencia tipo “tema de Disney sonando de fondo mientras se abrazan y se aman”. Recordé que las separaciones matrimoniales con las que he tenido contacto han abarcado desde situaciones abiertamente abusivas, ya sea física y/o emocionalmente violentas, hasta aquellas que se inclinan más hacia la crítica excesiva, la falta de amor y una relación fría.

Nunca olvidaré una pareja con la que me reuní hace unos 6 años. La primera sesión que tuve fue solamente con la esposa, para escuchar su perspectiva. En realidad nos reunimos por FaceTime o Zoom, por computadora. Al llegar al problema presentado, como haría cualquier buen consejero bíblico, pregunté: “¿Cuál es el problema principal? ¿Por qué estamos aquí? ¿Qué nos trae juntos? ¿Cuál es el problema que se presenta?”. El problema que ella presentaba era que describía a su esposo como verbalmente abusivo. Como sabes, “abuso verbal” puede significar toda una gama de cosas: desde amenazas contra la vida o la integridad física, hasta críticas constantes, tono de voz, o frialdad en la comunicación. Ella dijo que la hipercriticidad de su esposo era como una agresión verbal constante, y que no importaba lo que hiciera, nunca podía hacerlo bien. Describió una noche en la que puso la mochila de uno de sus hijos en el lugar “equivocado” y, por alguna razón, su esposo se aferró a eso para criticarla y empezar a buscarle defectos. Entonces toda esa noche se convirtió en una espiral descendente porque ella había puesto la mochila en un lugar donde él pensaba que no debía estar. Esta situación finalmente la impulsaría a tomar a sus hijos y dejarlo. No estoy diciendo que yo aprobara eso. No estoy diciendo que yo estuviera respaldando esa decisión. Sin embargo, su hipercriticidad fue suficiente impulso, a lo largo de los años, para que ella tomara a los niños, se fuera y se quedara con sus padres.

En el otro extremo del espectro, me he reunido con personas que temían por su seguridad, no solo por su seguridad física sino también por lo que ellas describirían como su bienestar emocional. Más comúnmente es la esposa la que es la parte ofendida, y el esposo el pecador o el agresor. En múltiples ocasiones he hablado con esposas que han dicho que sus esposos son demasiado listos como para golpearlas, y que ellos se colocan en su camino, obligando a las esposas a rodearlos o a pasar por encima. Una esposa lo describió así: su marido nunca la golpeaba, pero se paraba en la puerta de tal forma que ella no podía salir sin que él la tocara o sin que ella tuviera que maniobrar para pasar por un lado. En una ocasión, ella tuvo que ir desde la puerta principal hasta la parte trasera de la casa simplemente para poder rodear a su esposo, mientras él usaba su gran presencia física para intimidarla. En otro caso, una esposa me describió cómo su esposo sugería que ella se estaba volviendo loca mediante insinuaciones indirectas como: “Bueno, tal vez esto tiene que ver con tu trastorno”, “Quizás esto es de lo que el doctor estaba hablando”, o “Tal vez estás recordando esto de manera equivocada por lo que estás enfrentando ahora”. Su esposo la llevó a cuestionar su propia cordura. Ella usó el término “gaslighting”.

También he estado en otras situaciones donde el esposo simplemente está totalmente miserable. Una esposa me describió cómo su marido no había hablado con ella en meses, aunque vivían en la misma casa. No habían hablado en meses.

Todos esos son momentos potenciales, puntos de fricción o áreas donde la separación está en marcha o está a punto de ocurrir. Hay casos que, aun si tú no lo has pensado bien o no los has enfrentado en tu ministerio de consejería, se están moviendo hacia la separación. Algunos se darán con el respaldo de líderes espirituales, de un consejero bíblico sabio o de los ancianos; otros se darán por decisión propia, porque ya están hartos y simplemente van a separarse por tiempo indefinido.

Quiero, primero, hacer algunos comentarios. Me gustaría que escuches algunas cosas mientras nos preparamos para hablar de este tema. Si has estado involucrado en casos de separación matrimonial, estas son las duras realidades y parte de la razón por la que no reboso de alegría al hablar de separaciones matrimoniales:

  1. Las cosas deben estar muy mal si ya estás hablando de separación. Las cosas no están color de rosa. No son súper fáciles. No estás en el punto más alto de tu felicidad matrimonial. Las cosas en el matrimonio ya deben ser difíciles si la separación forma parte de la conversación.
  2. Las separaciones son necesarias. Hoy voy a argumentar que hay ciertos casos en los que, como consejero bíblico o líder espiritual, no te queda otra opción más que animar a una persona a separarse, y que podrías ser imprudente si animas a esa persona a permanecer en el mismo lugar geográfico, en la misma casa, con su cónyuge. Las separaciones son necesarias. Pueden ser una herramienta de restauración en un matrimonio.
  3. La realidad es que las separaciones a menudo no funcionan y la trayectoria de destrucción continúa aun cuando la separación ha ocurrido. Si un matrimonio ya está al borde de la destrucción, si es necesario que ocurra una separación y si la separación efectivamente se da, muchas veces la separación “no funciona” en el sentido de que no ayuda ni a restaurar la unión matrimonial ni a proveer protección y apoyo efectivos para la persona que se separa. La primera observación es que, de los ocho casos de diferentes parejas que he aconsejado y acompañado en separación, no más de dos, que yo recuerde, realmente volvieron a unirse. No más de dos. El resto terminó en divorcio.

¡Cómo me gustaría poder prometer que la separación será la herramienta que Dios use para restaurar a esa persona en su matrimonio, pero simplemente no es así! El caso real es que tienes un matrimonio al borde de la destrucción, y tienes que entrar en un tiempo de separación con el objetivo de restaurar ese matrimonio, pero eso puede no suceder, y el matrimonio puede seguir avanzando hacia la destrucción y la disolución.

  1. Esto puede sorprenderte: los consejeros bíblicos a menudo animan ya sea a separarse o a reunificarse, pero rara vez forman parte del proceso práctico de la separación y la reunificación. Más comúnmente, una autoridad pastoral o un líder espiritual participa directamente en la separación y la reunificación. Eso es algo bueno. Si eres un consejero bíblico que no ocupa un cargo formal de liderazgo espiritual en tu iglesia local, lo más probable es que estés sirviendo como consultor del cónyuge que pregunta: “¿Debo separarme?”. La realidad es que, cuando sirves en esa capacidad, lo más probable es que tú no seas el que va a la casa a ayudar a la persona a recoger sus cosas. Lo más probable es que tú no seas el que informa al cónyuge que la persona se va. Ese es el ámbito del esfuerzo pastoral.

Al tener la oportunidad de servir en el centro de consejería, me reuní con personas que estaban haciendo la pregunta: “¿Debo quedarme?”. Pude compartir bíblicamente con ellas una perspectiva de lo que debían hacer, pero yo no era su líder espiritual ni su autoridad espiritual, y necesitábamos que un pastor o un anciano diera seguimiento con ellos y con sus cónyuges, y ayudara a llevar a cabo esa separación. La mayoría de nosotros, como consejeros bíblicos, solo aconsejaremos o consultaremos acerca de la separación, y muy pocos participaremos directamente en la separación.

También diría que lo mismo ocurre con la reunificación. La mayoría de nosotros, como consejeros bíblicos, no tendremos el privilegio de ser quienes “junten” a la pareja, sino de reunirnos con ellos mientras están en el proceso de volver a unirse.

  1. Estamos ministrando a dos pecadores, y la persona a la que intentas ayudar puede terminar echándote la culpa a ti. Hay una observación más que creo que es útil mencionar, porque a veces, cuando hablamos de separación, nos imaginamos a nosotros mismos como los rescatadores de la parte ofendida. Imaginamos que somos quienes están dispuestos a correr hacia el fuego y recibir los disparos para proteger a esa persona; que arriesgaremos nuestra propia seguridad y bienestar para asegurar que la parte ofendida sea sacada de un matrimonio destructivo por un período indefinido, para luego ser restaurada a su cónyuge. Pero debes reconocer que estás ministrando a dos pecadores.

¿Qué quiero decir con eso? No quiero decir que ambos son la causa del conflicto matrimonial. No me refiero a eso. En mi experiencia de consejería, típicamente es el esposo quien peca repetidamente contra su esposa. Afirmo de todo corazón que una persona puede ser el pecador y la otra la ofendida. Sí, lo afirmo completamente. De ninguna manera estoy poniendo culpa sobre las víctimas. Sin embargo, una víctima sigue siendo una persona alcanzada por el pecado.

Cuando cuidas a cualquier tipo de pecador, no será algo ordenado y pulcro. ¿Qué quiero decir con eso? De las ocho parejas diferentes con las que he trabajado en procesos de separación, puedo pensar en tres casos en los que la esposa volvió en contra de mí, o de la iglesia, o del centro de consejería, y nos culpó de intentar destruir su matrimonio cuando, en realidad, la estábamos protegiendo, ofreciéndole recursos y ayudando a cumplir con sus peticiones. Cómo desearía que la iglesia hubiera sido alabada, o que el centro lo hubiera sido, o que se me hubiera agradecido. Pero no fue así. Lo que sucedió fue que el esposo se deslizó de nuevo en la relación y nos culpó a nosotros de los problemas que estaban enfrentando, nos culpó de la separación por la que estaban pasando y nos culpó de las razones por las que su matrimonio estaba tan mal en ese momento. La esposa, quizá sin darse cuenta, le creyó y nos rechazó. No tengo duda de que hay áreas en las que nosotros podemos mejorar, pero lo que quiero que tengas en cuenta es que estás interactuando con personas que han sido pecadas en contra por años, y la realidad es que tendrán dificultades para saber en quién confiar. Esa es la realidad. Les costará saber qué es verdad. Les costará entender las intenciones de su cónyuge. No te sorprendas si, en el proceso de facilitar una separación, terminas siendo acusado de ser “el malo” solo por haber participado de algún modo en el proceso.

Para recapitular:

  • las cosas tienen que estar realmente muy mal;
  • las separaciones son necesarias, pero no siempre “funcionan”;
  • como consejero bíblico, normalmente no estarás en la casa empacando las cosas ni reintroduciendo a la pareja; y
  • a veces también te convertirás en el “malo” ante la misma persona a quien buscabas ayudar y ministrar.

DEFINICIÓN

¿Qué es una separación matrimonial? Una separación matrimonial es cuando uno de los cónyuges abandona físicamente el hogar por un período de tiempo—no he especificado un tiempo definido—con el objetivo de tomar distancia de su cónyuge. No he mencionado nada acerca de los hijos. Obviamente, si hay hijos, en la mayoría de los casos los hijos se irían con el cónyuge que sale de la casa.

La separación matrimonial es con el fin de sacar a uno de los cónyuges de la presencia, del acceso, del control o del castigo del otro. Esa es la separación matrimonial en esencia y eso es de lo que estamos hablando hoy.

Cuando hablamos de separación matrimonial, no significa que la persona duerme en otro cuarto. No significa que simplemente no han hablado por un tiempo. Queremos decir que, de alguna manera, el cónyuge ha salido de la casa donde vivía con su esposo o esposa y está viviendo en otro lugar. La persona se queda con una hermana, con la mamá, con el papá, o con quien sea. La persona se está alejando de su cónyuge, no de “la casa” en sí misma, sino intencionalmente del cónyuge. Se incrementa cierto nivel de distancia con el propósito de alejarse del cónyuge.

Es una definición. Usemos esto como punto de partida mientras seguimos avanzando.


RAZONES Y DESENCADENANTES DE LA SEPARACIÓN

Cuando pienses en separación, quiero que sepas que hay razones que obviamente motivan la separación y que van a detonar si es aconsejable o no aconsejable. En primer lugar, he tratado de agrupar las principales razones de separación en dos grandes categorías, para ayudarte a saber cuándo se activa esa alarma que te hace decir: “Sí, estar allí ya no es buena idea”.

1. Seguridad general

Proverbios 22:3 dice: “El avisado ve el mal y se esconde; mas los simples pasan y reciben el daño”.

Este principio se repite en Proverbios. Vemos que sí, hay quienes sufren, pero hay quienes, siendo prudentes, ven el peligro y se esconden, y es completamente legítimo decir: “Este no es un ambiente sano ni seguro para ti; debes salir de allí”.

Sé que con frecuencia usaré el ejemplo de la esposa como la parte ofendida, y no digo eso porque piense que todas las mujeres son sin pecado—para que quede claro—sino porque, en mi experiencia de consejería, normalmente la esposa es la que está siendo pecada en contra, y el esposo es el que peca contra ella.

Cuando la esposa está siendo pecada en contra y se encuentra en un lugar inseguro, es totalmente legítimo decir: “Debes esconderte y salir de esa situación”. Pero si estamos aconsejando a un adulto, el aconsejado tiene que tomar esa decisión. Para ser esposa, ya se es adulta. Ella tiene que tomar esa decisión. Nosotros no podemos tomar esa decisión por ella. Pero si hay hijos menores o hijastros que viven en el hogar, o si ella es la tutora de alguien y hay menores en esa casa, ya no es un asunto de “puedes” o “te recomiendo”. En esos casos ahora es: “Debes”. Si hay un peligro físico y hay un menor en la casa, “debes”. Sin embargo, cuando hablamos propiamente de separaciones matrimoniales, en este momento es “puedes” y “deberías”.

Cuando pensamos en seguridad física, para los consejeros bíblicos es algo muy claro. Si hay violencia física, es algo obvio. Si hay violencia física, debes separarte. No conozco a nadie que argumente lo contrario. Las cosas comienzan a volverse más difíciles de discernir cuando hablamos de bienestar emocional o seguridad emocional. Esos términos, para ser honesto, me incomodan un poco, quizá porque no son directamente bíblicos, o porque pueden usarse para abarcar infinidad de situaciones distintas.

Más adelante hablaré de pecados no arrepentidos, pero si regresamos a los escenarios que describí antes: el esposo no toca físicamente a la esposa, pero la hace pensar que está loca y la culpa de todo. Yo argumentaría que, aunque ese esposo no ha sido físicamente violento, sí está maltratando emocionalmente a su esposa. Argumentaría que, en ese caso, cuando la esposa es llevada a pensar que está perdiendo la razón o que todo es su culpa, estamos acercándonos a un terreno que justifica la separación.

Por lo tanto, cuando escuches “seguridad”, claro que hay componentes físicos. Por supuesto, si hay violencia, animamos a la separación. Nadie discute eso. Pero también estamos diciendo que, en casos de maltrato, ultrajes, mentiras y pecado contra el otro, se trata de asuntos emocionales que afectan la estabilidad emocional de la esposa.

Si estás luchando con el concepto de bienestar emocional del cónyuge, hay una herramienta muy útil llamada la “rueda de poder y control” (“wheel of power and control”). Básicamente es una evaluación para ver cómo se manifiesta el control en una relación abusiva. Obviamente puede incluir violencia, pero también control financiero (no darle apoyo económico adecuado al cónyuge), insistir en los “privilegios del varón”, degradar o hablarle con desprecio al cónyuge, aislamiento, etc. Cuando hablamos de seguridad y de indicadores de riesgo, esa “rueda de poder y control” es una herramienta evaluativa muy útil para que puedas decir: “¿Estoy viendo estas cosas en esta relación? Y si las estoy viendo, entonces nos estamos acercando a una razón válida para separar”. Yo incluiría todo esto bajo la categoría general de seguridad. Cuando oigas estas señales, estás ante un asunto de seguridad.

2. Pecado no arrepentido

Quiero que tomes tu Biblia y vayas conmigo a 1 Corintios 7, porque el siguiente componente que intento comunicar se encuadra bajo lo que llamaría pecado no arrepentido, o pecados no arrepentidos. No quiero dar a entender que todo cónyuge tiene una multitud de pecados, pero puede haber un pecado en particular en el que se rehúsa a cambiar. Ese pecado podría ser motivo para una separación.

Permíteme ofrecer un poco de claridad. 1 Corintios 7 se ha utilizado en diversos contextos de consejería bíblica para establecer un marco sobre la separación matrimonial. Voy a leer el texto y luego ofreceré un breve análisis.

El versículo 1 dice: “En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le sería al hombre no tocar mujer”.

Esa era la pregunta de los corintios, pero los comentarios de Pablo vienen en los versículos siguientes.

Los versículos 2–5 dicen: “Pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido. El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer. No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia”.

Escúchame bien. En este contexto, Pablo está hablando de abstinencia sexual; no está hablando de separación matrimonial. Él está respondiendo a la pregunta: ¿Es correcto tener relaciones sexuales? La respuesta es: sí, deberían tener relaciones sexuales mutuamente agradables con su cónyuge. Eso es parte del diseño de Dios para el matrimonio. En el versículo 5, si se abstienen de las relaciones sexuales y lo hacen de común acuerdo por razones espirituales (la oración), luego deben volver a unirse.

Es importante entender que esto no es un texto que hable directamente de la separación matrimonial. Pablo no está hablando del esposo abusivo en 1 Corintios 7:1–5. Él está hablando de inmoralidad sexual, de pureza sexual y de las obligaciones sexuales del esposo y de la esposa.

Sigamos un poco más. Vamos al versículo 12.

Los versículos 12–15 dicen: “Y a los demás yo digo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer que no sea creyente, y ella consiente en habitar con él, no la abandone. Y si una mujer tiene marido que no sea creyente, y él consiente en vivir con ella, no lo abandone. Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer, y la mujer incrédula en el marido; pues de otra manera vuestros hijos serían inmundos, mientras que ahora son santos. Pero si el incrédulo se separa, sepárese; pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz nos llamó Dios”.

Todo el capítulo 7 trata de permanecer en el estado en que fuiste llamado, es decir, permanecer en la misma condición en la que te encontrabas cuando llegaste a la fe. Si eras esclavo, no busques ser libre. Si eras casado, no busques divorciarte. Permanece en ese estado, según el versículo 17: “Pero cada uno como el Señor le repartió, y como Dios llamó a cada uno, así haga”. ¿Eras circuncidado? No busques la incircuncisión. ¿No lo eras? Permanece como estás, etc.

Los versículos 12–15 no son diferentes. Lo que Pablo está diciendo es que, si tienes un cónyuge incrédulo que consiente en vivir contigo, entonces tú, como creyente, no debes buscar divorciarte del incrédulo. Debes procurar vivir en paz con tu cónyuge, y tu presencia en el matrimonio tiene un efecto santificador. Eso es lo que él quiere decir cuando afirma que el cónyuge incrédulo “es santificado” por el creyente y que, de otro modo, los hijos serían inmundos. Está diciendo que tu presencia como cristiano, viviendo tu fe ante tu cónyuge incrédulo, es una influencia santificadora. Piensa en el peligro de sacar al cristiano de ese matrimonio: el cónyuge ya no verá a alguien ir a la iglesia, ya no oirá la Escritura, ya no escuchará himnos que hablen de la bondad y la fidelidad de Dios. Esa presencia santificadora es una bendición para el incrédulo y sus hijos.

Pero hay algo importante que notar aquí. Por eso hablo de pecados no arrepentidos: “consentir en vivir con”. Regresa a los versículos 12 y 13: si el cónyuge incrédulo “consiente en habitar” con el creyente, este no debe dejarlo. Esa expresión tiene implicaciones muy significativas. Lo que estamos diciendo es que el cónyuge incrédulo está dispuesto a vivir con el cónyuge creyente y a honrar el pacto matrimonial, aunque no lo haga porque ame a Jesús. En contraste, hay ocasiones en que el cónyuge incrédulo no está dispuesto a vivir con su cónyuge y no consiente en vivir conforme al pacto matrimonial. Y eso es un potencial detonante de separación.

En el proceso del consejero bíblico, uno se pregunta: “¿Debo animar a esta persona a separarse o no?”. Estoy sugiriendo que la seguridad es claramente una razón: si se activa, debes animar a la persona a separarse. Pero si estás aconsejando a alguien cuyo cónyuge persiste sin arrepentirse en el mismo pecado una y otra vez, tocando el corazón mismo del matrimonio, sugiero que allí estamos entrando en la categoría de “no consiente en vivir con”. Sugiero que esa persona no tiene carta blanca para vivir con su cónyuge de cualquier forma, y que el creyente no está atado simplemente porque el cónyuge incrédulo dice: “Sé lo que piensas, sé lo que quieres, no me importa, haré lo que quiera, gastaré lo que quiera, hablaré con quien quiera, no te metas en mis asuntos”. Si un cónyuge no consiente en vivir con el otro, estamos topándonos con pecados no arrepentidos. Y lo notable es que Pablo se refiere allí al cónyuge incrédulo.

¿Y qué del cónyuge creyente? ¿Qué del que profesa ser cristiano? ¿Qué pasa si el cónyuge está practicando un pecado que no cambia, que no es diferente, que sigue igual año tras año, y el otro se siente estancado? Para eso es tan importante la disciplina de la iglesia. Por eso es tan importante ser parte de una iglesia piadosa que practica la membresía y, por amor y para restaurar, también practica la disciplina eclesiástica.

Eso significa que, si estás tratando con un cónyuge creyente que crees que no consiente en vivir conforme al pacto, debes estar dispuesto a decir: “Dios ha dado controles para ese cónyuge creyente por medio de la disciplina eclesiástica”. Primero, el otro cónyuge debe ir a hablarle, explicarle el problema. Luego, Mateo 18 dice que debe llevar a alguien más. “Mira, amor, ya te hablé. No me hiciste caso cuando te dije que no puedes hablarme así, que no puedes gritarme, que no puedes pararte en la puerta para intimidarme. No puedes hacer eso, y me ignoraste. Ahora traje a fulano(a) conmigo”. Si, después de ese proceso, el cónyuge se niega a escucharles a ambos o a escuchar al líder espiritual, entonces se lleva el asunto a la iglesia. La iglesia interviene y busca restaurar. La iglesia debe ser un medio de protección para las víctimas. La iglesia debe ser un lugar seguro. La disciplina eclesiástica debe ser una vara de restauración para el descarriado.

Si hay un cristiano que persiste en pecado no arrepentido, la respuesta, en primer lugar, es tratar el asunto a través de los medios de la disciplina eclesiástica. Si el cristiano que está pecando de manera no arrepentida se niega a arrepentirse, Mateo 18 dice que se le tenga “por gentil y publicano”; es decir, se le excomulga, se le reconoce como incrédulo.

Entonces, y solo entonces, los versículos 12 y 13 empezarían a aplicarse a ese “cristiano” que antes profesaba fe, pero que ahora la iglesia declara incrédulo. Entonces podríamos decir: “Sí, puede que seas un incrédulo que no consiente en vivir con tu cónyuge”. O si la persona nunca ha sido creyente, nunca ha hecho profesión de fe ni es miembro de la iglesia, diríamos que ya es el incrédulo de los versículos 12–13, y evaluaríamos qué significa vivir de una manera que honre el pacto matrimonial y consienta en vivir con el cónyuge.

Permíteme darte ejemplos de pecados no arrepentidos que comienzan a afectar esa idea de “consentir en vivir con”:

  • Ultrajes (reviling)
    “Ultrajar” es la forma bíblica de describir el abuso verbal constante, cuando pones a la otra persona por el piso, la insultas y la avergüenzas. Ya sea delante de los hijos, de la familia, o de otros, si ultrajas repetidamente a tu cónyuge y te niegas a dejar de hacerlo, eso es un pecado no arrepentido.
  • Conductas controladoras y manipuladoras
    Necesitas saber todos los movimientos de tu cónyuge. No le das suficiente apoyo financiero. Lo(a) aíslas de amigos y familiares. Quemas cada puente relacional que la familia tiene. Tú mismo no tienes amistades significativas porque marginas y alejas a la gente. Eso describe conductas controladoras y manipuladoras.
  • Arrebatos de ira
    Cuando digo “arrebatos de ira”, probablemente piensas en explosiones, golpes a la pared, gritos. Y sí, eso es parte del cuadro y es un asunto de seguridad. Si el esposo explota, golpea paredes, le grita a su esposa, sí, hablamos de un problema de seguridad. Pero también quiero que escuches que hay esposos que usan el silencio como arma contra sus esposas. Convierten el silencio en un arma. Las ignoran. Las tratan como si no existieran. La ira no se ve en golpes sino en indiferencia. Saben que explotar y golpear una pared los pondría en problemas, saben que está mal, así que ahora usan el silencio. Ignoran a sus esposas por días hasta que ellas han hecho suficiente “penitencia” o han dicho lo correcto, o hasta que ellos se sienten listos para retomar la relación. Eso también sería un ejemplo de pecado no arrepentido y de no “consentir en vivir con”.
  • Manejo indebido de las finanzas (a diferencia de simples limitaciones financieras)
    En mi experiencia de consejería, es muy común que el marido sea quien maneja las finanzas y que la esposa tenga acceso limitado al dinero. Lo que ocurre es que la esposa no tiene una fuente de ingreso significativa, el esposo sí la tiene, pero no le da a la esposa acceso suficiente. No me refiero a viajes a París ni a cruceros cada fin de semana. Me refiero a que sencillamente no hay dinero disponible para ella o no puede usar el dinero sin que el esposo lo apruebe. Eso es un manejo indebido de las finanzas si la esposa no tiene acceso equitativo para usar el dinero de forma similar a como el marido lo hace.
  • Aislamiento
    Este último punto es un detonante o señal que debe preocuparnos. Ya mencioné el aislamiento bajo las conductas controladoras y manipuladoras. Cuando miras un matrimonio y ves que un cónyuge intenta aislar al otro—“Deberíamos mudarnos”, “No deberías hablar con tus padres; te hacen daño”, “No me gusta esa amiga, no me gusta que pases tiempo con ella”—y el patrón es que quiere que el cónyuge esté solo con él (o ella), sin nadie más, comenzamos a enfrentar la pregunta de si esto es un asunto de “consentir en vivir con”. Cuando escucho que el esposo no tiene amistades significativas, que no se lleva con la familia de la esposa y que la familia de ella tampoco lo soporta, y que a él no le gustan los amigos de su esposa, no pienso que él es un hombre súper piadoso y amoroso. Lo que escucho es que posiblemente es alguien difícil, que quiere aislar a su esposa de toda red de apoyo y comunidad.

Lo que pensamos es que, si hay razones para la separación, normalmente se ubican en alguna de estas que he mencionado.

Hay asuntos de seguridad. En mi mente, como consejero bíblico, esos son más fáciles de diagnosticar. Y está la realidad de que hay pecados no arrepentidos que se acumulan con el tiempo. Si eres un ultrajador según la Escritura y te niegas a cambiar la manera en que le hablas a tu esposa, eso puede ser una razón para la separación, porque no se te permite hablarle así. Hacerlo de forma reiterada puede llevarme a decir: “Esposa, deberías apartarte de un hombre que te insulta todo el tiempo. Deberías apartarte con miras a ser restaurada a él”.

Esas son las razones principales de la separación. Y a medida que reflexionas más sobre esto, verás que no hay un solo texto bíblico que aísle y defina de forma explícita la “separación matrimonial”; ese texto no existe. Sin embargo, sí hay realidades teológicas que enmarcan cuándo un matrimonio debe llegar al punto de estar dispuesto a separarse, con miras a la restauración. Permíteme darte al menos cinco de estas realidades.


REALIDADES TEOLÓGICAS QUE ENMARCAN LA SEPARACIÓN MATRIMONIAL

  1. El pacto matrimonial como algo sagrado y santo
    Hebreos afirma que el lecho matrimonial es santo y sin mancilla. Génesis 2:24 utiliza lenguaje de pacto: “hueso de mis huesos y carne de mi carne” y “serán una sola carne”, porque el cónyuge es priorizado por encima de los padres. El pacto matrimonial es un pacto santo y sagrado, y nosotros, como esposos, no tenemos permiso para hacer lo que queramos, porque hemos entrado en esta promesa delante de Dios y de los hombres para tratar a nuestro cónyuge de cierta manera. La santidad y sacralidad del pacto matrimonial es una de las realidades teológicas que enmarca la separación; si el matrimonio no está siendo tratado de esa forma, puede ser una base para separarse con miras a la restauración.
  2. El llamado divino de los roles en el matrimonio
    A menudo enseño que el esposo y la esposa necesitan cumplir su rol, independientemente de si el otro lo está cumpliendo o no. Pero también reconocemos que, si uno de los cónyuges ha abandonado por completo cualquier obligación, responsabilidad o cumplimiento de su rol, no vamos a cruzarnos de brazos y decir: “Bueno, eso es asunto tuyo, haz lo que quieras”. Vamos a esperar que ese cónyuge sea quien Dios le ha llamado a ser. Esperamos que sea piadoso, fiel y que responda de un modo que honre al Señor. Si Efesios 5, 1 Pedro 3 y Colosenses 3 forman parte de la Palabra inspirada de Dios, entonces estamos diciendo que tienes un rol que debes cumplir, y esperamos de ti que lo cumplas. Esa es otra realidad teológica que enmarca la separación.
  3. La responsabilidad del pastor de proteger al rebaño
    Esto es algo que aprendí en mi ministerio de consejería. Un antiguo teniente de la policía local me dijo que el pastor tiene la obligación de proteger al rebaño, y que él estaba dispuesto, como pastor, a proteger a una esposa de un esposo abusivo. Aprendí de eso que, de acuerdo con 1 Pedro 5, los pastores deben estar dispuestos a confrontar a hombres agresivos, duros, manipuladores y controladores. Si un pastor está dispuesto a ser pastor, parte de ese llamado es enfrentar a los lobos para proteger a las ovejas.
  4. Excusar el pecado no arrepentido no es un acto de amor
    Dios utiliza las consecuencias de nuestras acciones para restaurarnos a la fidelidad. Si la esposa dice: “Solo voy a orar por él; no voy a llamar a la policía”, ella no está ayudando realmente. Entiendo su deseo de ayudar a su esposo. Sin embargo, enfrentar el pecado no arrepentido y proveer consecuencias por ese pecado es un acto de amor y restauración.
  5. La disciplina eclesiástica
    Esto se da cuando un cónyuge está siendo pecada/o repetidamente por otro que profesa ser creyente, y los líderes espirituales necesitan ser informados de lo que está ocurriendo. Confiamos en nuestras autoridades espirituales para ayudarnos a tomar decisiones en ese caso. Si dicen: “Sí, no debes tolerar esto; esto es asunto de disciplina; necesitamos hablar con tu marido”, la esposa debe responder: “Entendido; hablen con él; respeto que ustedes están puestos sobre mí como liderazgo, y me someto a eso”.

Esas son las realidades teológicas que enmarcan la separación.


CONSIDERACIONES ADICIONALES

¿Cómo llegamos a la separación? Quiero darte algunas consideraciones. No hay una sola manera “inspirada” bíblicamente, pero sí hay formas que considero poco útiles.

La primera aclaración que ofrecería es que, cuando estás llegando al punto de decir: “Necesito separarme”, esa decisión no debe tomarse en un vacío. Cuando, como cónyuge, estás pensando que necesitas alejarte de tu esposo(a) o que tu matrimonio no es sano ni dinámico, estás ante una decisión de vida muy grande, y deberías tomarla con la ayuda de un líder espiritual. Uso el término “líder espiritual” porque no tiene que ser un pastor; puede ser otro creyente maduro, piadoso y bíblicamente sólido. En este punto, un consejero bíblico sería ideal. Debes consultar con un consejero bíblico o con uno de tus ancianos antes de tomar la decisión. No la tomes de forma unilateral; debes estar dispuesto a decir: “Necesito ayuda para tomar esta decisión: ¿Debo separarme o no?”.

Una vez tomada la decisión, la siguiente pregunta es: “¿Lo hago de manera discreta o de manera pública?”. Si no hay hijos involucrados, normalmente se prefiere la manera discreta. No se trata de exponer a tu cónyuge públicamente. Las personas que conocen bien a tu familia se darán cuenta de que llegan en autos separados, ya no siéntan juntos en la iglesia, quizá asisten temporalmente a otra congregación; pero, en la medida de lo posible, solo se informa a quienes realmente necesitan saberlo.

La forma pública se dará cuando haya hijos involucrados. Desafortunadamente, cuando hay cambios de residencia, cuando hay que cambiar de escuela, cuando los hijos tienen nuevos maestros, nueva clase de escuela dominical o nuevo grupo de jóvenes en otra iglesia, será evidente con rapidez que el matrimonio se ha separado. Será muy difícil mantener eso en secreto.

Aquí un breve resumen de cosas a considerar para la separación práctica:

  • No tomes la decisión de forma unilateral.
  • Mantén el asunto lo más discreto posible, compartiéndolo solo con quienes necesitan saberlo.
  • Desde el día uno establece la expectativa de que la meta es la reunificación. No sabes cuándo sucederá, pero ahora te estás separando con ese objetivo en mente.
  • Si es un asunto de seguridad, hazlo con la mayor discreción posible y que el líder espiritual lleve a la esposa a un lugar cuyo paradero el esposo no conozca. Los líderes no deben permitir que él sepa dónde está ella, al menos hasta que hayan tenido la oportunidad de hablar con él.

Cuando pienses en lo que está sucediendo durante la separación, permíteme compartir mi propio error. En lugar de abordar esto como un caso de conflicto matrimonial, debemos verlo como un tiempo de crecimiento personal intensivo para el pecador (el que ha pecado contra el otro cónyuge al punto de hacer necesaria la separación). Este no es el momento para ir a Santiago 4:1–3 hablando de “deseos que combaten en vuestros miembros” en ambos cónyuges. Este no es el momento para Mateo 7 sobre la viga en el ojo de cada uno. Por favor, no vayas a esos pasajes aquí. Yo mismo acudí a Santiago 4 en un caso, y estoy casi seguro de que allí perdí a la esposa cuando dije algo como: “Ambos tienen deseos que combaten dentro de ustedes”. Yo no creía que ella fuera responsable de la hipercriticidad de su esposo. No lo creía ni lo dije; pero así fue como ella lo percibió: que, de alguna forma, era en parte su culpa.

En tiempo de separación, trabajas en crecimiento personal intensivo, no en “conflicto matrimonial”. Para el que ha pecado, eso significa que la persona debe demostrar arrepentimiento, y el arrepentimiento se puede ver. No acepto la idea de: “No puedes obligarme a arrepentirme” o “esto es falso”. No. Cuando eres verdaderamente arrepentido, se verá en tu vida. Todos verán el fruto que corresponde al arrepentimiento, conforme a Mateo 3. Ese arrepentimiento debe ser evidente para los líderes espirituales familiarizados con el caso, no solo para el cónyuge. ¿Escuchaste eso? Hay muchas ocasiones en que estarás con un cónyuge que ha sido manipulado y controlado por años, y ella dirá: “Oh, está siendo tan amable, tan amoroso, nunca lo había visto así”. Y tendrás que responder: “Damos gracias a Dios por eso, pero necesitamos ver si esto se mantiene a largo plazo”. Necesitamos que los líderes espirituales sean esa tercera parte neutral que diga: “Sí, estoy de acuerdo. Parece un hombre cambiado”. No permitas que un cónyuge sea manipulado para regresar prematuramente.

A esto lo llamo “cambio afirmado” por líderes espirituales que conocen el caso, no solo por la percepción del cónyuge: “Nunca lo había visto así; es tan amable”. No. Necesitamos que el líder espiritual diga: “Sí, concuerdo; por todo lo que hemos visto, parece arrepentido”. Ésta es la meta para el que ha pecado: demostrar un arrepentimiento que los líderes espirituales puedan afirmar.

Para los que han sido pecados en contra, animo a un tiempo de nutrición espiritual. Permíteme explicarlo. Si has vivido en “tierra seca y árida” por años, lo único que necesitas ahora es alimento y refrigerio espiritual. Animaría a que la esposa que ha sido pecada en contra reciba consejería de otro consejero bíblico que no esté allí para ayudarla a “excavar” su amargura ni para hacerla arrepentirse de algo. Esa consejera o consejero debe ser como una sombra en el calor, sosteniendo agua fresca para esta esposa malnutrida. Déjala aclimatarse a cómo es la vida sin ser constantemente criticada. Déjala acostumbrarse a una vida más tranquila, sin tanto conflicto. Si surge cualquier atisbo de tentación hacia la amargura o la falta de perdón, eso puede tratarse, pero no es el enfoque principal. El énfasis es: necesitas a alguien que te nutra. Ése es el primer enfoque.

El segundo énfasis para la parte ofendida es un tiempo de discernimiento: aprender a confiar en personas confiables. Cuando has sido pecada en contra de esta manera por tanto tiempo, no sabes en quién confiar. No sabes si debes confiar en el consejero bíblico o en el pastor. Este cónyuge debe aprender a discernir en quién puede confiar, y estar dispuesto a confiar en ellos, a veces más que en su propio juicio, porque habrá ocasiones en que ella piense que su esposo ha cambiado cuando en realidad no ha cambiado, y todos los demás lo ven menos ella. Entonces tendrá que decir: “Confío en lo que mi pastor dice. Confío en lo que mi consejero bíblico dice. Voy a seguir su consejo por encima de lo que ahora mismo siento”. Estamos formando en ella la capacidad de confiar en personas verdaderamente confiables. En ocasiones he tenido que decir: “Mira lo que hemos hecho para servirte y ayudarte. Tienes que confiar en mí en esto”.

En lugar de decir: “Se van a reconciliar al final del año o en seis meses”, es mejor establecer metas y parámetros para el cónyuge que ha pecado. El esposo que ha pecado repetidamente contra su esposa no necesita saber un plazo. Necesita saber que la meta es el crecimiento y el arrepentimiento, y que cuando ese crecimiento y arrepentimiento sean evidentes, entonces se hablará de reunificación. Entendemos que se trata más de evaluar progreso que de un calendario rígido de crecimiento. Si el esposo sabe que sólo tiene que fingir por 3, 6 o 9 meses para volver a casa, puede “actuar” y convencerla, sin que eso signifique que realmente ha cambiado. Pero si él no sabe cuándo será, o incluso si no tiene certeza de que sucederá, entonces veremos su verdadero carácter. Veremos si está comprometido con agradar al Señor y arrepentirse o no. Así que establece parámetros y metas, no un cronograma fijado.

En tercer lugar, animas al cónyuge que ha sido pecado en contra a mantener una postura de disposición a la reconciliación, esperando al mismo tiempo cambios reales. Mientras está separado, el cónyuge ofendido debe decir: “Estoy dispuesto a reconciliarme con mi esposo(a)”. Esa debe ser su postura. Esa es la postura bíblica. Pero, al mismo tiempo: “Las cosas tienen que cambiar. No puedo seguir siendo menospreciada, no pueden gritarme, no pueden retenerme las finanzas. Eso tiene que cambiar. No voy a aceptar eso”. Si, como consejero bíblico, ves que hay progreso y que se están cumpliendo esos parámetros, entonces comienzas a reintroducir a la pareja. Normalmente habrá consejería matrimonial y consejería individual, y la pareja comienza a “salir” y a cortejarse de nuevo. A medida que ese progreso se sostiene, se llega al momento de la reunificación.


MÉTODOS DE REUNIFICACIÓN

Solo he visto que esto funcione una vez, de las ocho parejas diferentes. Los métodos para la reunificación son:

  • Bajo ninguna circunstancia se debe volver a vivir juntos hasta que los líderes espirituales y consejeros bíblicos lo recomienden. Debes recibir la luz verde, no de tu propia conciencia o de tus sentimientos, sino de autoridades espirituales, personas fuera de ti en quienes puedas confiar.
  • Al mudarse de nuevo juntos, ambos deben seguir bajo responsabilidad mutua, continuando con consejería matrimonial e individual por un futuro indefinido. Debe haber un énfasis continuo tanto en el crecimiento individual como en la restauración matrimonial.

La única vez que he visto a una pareja volver y sostenerse, fue así: regresaron a la misma iglesia, ella volvió a la casa con los niños, él estaba bajo responsabilidad y consejería individual, y ambos asistían a consejería matrimonial.

Ese es el método de reunificación. La reunificación no es el punto final. Siguen bajo cuidado, bajo liderazgo y bajo la autoridad de la Palabra de Dios mientras restauran su relación, y eso es especialmente importante para el agresor, el que pecó contra el otro cónyuge y provocó el problema desde el principio.


METAS

Termino con algunas reflexiones sobre tus metas. A veces las separaciones y la reunificación resultan desalentadoras porque las evaluamos preguntando: “¿Volvió esta persona con su cónyuge? ¿El matrimonio funcionó?”.

La meta número uno de la separación y la reunificación matrimonial es glorificar y honrar al Señor. Ésa es la meta principal. Ojalá el matrimonio pueda ser restaurado, pero nuestra meta número uno es que Jesucristo sea honrado y agradado.

En segundo lugar, nuestra meta es que, durante la separación, haya crecimiento individual en santidad, mayor arrepentimiento y mayor cambio en cada cónyuge, y que respondan de manera fiel.

En tercer lugar, nuestra meta es que el matrimonio sea restaurado. Las metas van en ese orden. El matrimonio se restaura cuando una persona busca agradar al Señor individualmente y su cónyuge hace lo mismo. Entonces el matrimonio será restaurado.

Sin embargo, recuerda que el matrimonio puede no reconciliarse. Debes entenderlo. Tu meta número uno no puede ser simplemente que el matrimonio se reconcilie. Podrías comprometer principios y tomar decisiones insensatas para lograr que vuelvan a estar juntos, cuando eso puede ser peligroso o imprudente. Tu meta, como consejero bíblico, es ministrarles eficazmente para ayudarles a glorificar a Dios individualmente. Si lo están haciendo, eso ya es un éxito. Pueden aprender a confiar el resultado de la separación al Señor. Ellos no controlan eso. Solo pueden controlar su parte, que es honrar y agradar al Señor.

Por lo tanto, nuestra meta número uno no puede ser la reunificación, porque, si lo es, podríamos ceder donde no debemos. No. La reunificación matrimonial es el resultado de dos personas que buscan agradar al Señor y priorizar su matrimonio. Esa es la meta.

Cuando haces lo mejor que puedes para ministrar en estas situaciones, todo es turbio. Nunca será algo limpio y ordenado. Por mucho que quisiéramos ser los “rescatadores”, estamos ministrando en situaciones difíciles y desordenadas. Y eso sin contar a los hijos, o a los hijos adultos, o a la familia, a los padres que están en tu iglesia y ministerio, todos enredados de alguna manera en esta separación matrimonial.

Lo único que puedes hacer, como consejero bíblico, es mantener firmes las expectativas bíblicas. Eso es todo lo que puedes hacer. Debes dejar claro a la persona a la que ministras que todo lo que puedes hacer, como consejero, es ser fiel. Cuando hablas la verdad, debes estar dispuesto a dejar en manos del Señor cómo tu aconsejado decide usar esa verdad. Si ella te ignora y vuelve con su cónyuge no arrepentido, eso no es algo que tú puedas controlar. Tienes que evaluar si fuiste fiel.

Si Dios te usó para restaurar un matrimonio y preservar un pacto, ¡gloria a Dios! Es algo hermoso. Has sido un instrumento para preservar una familia. Hay hijos y nietos que serán afectados para siempre por tu ministerio. Gloria a Dios. Pero no fuiste tú en tu propia fuerza; fuiste tú siendo fiel.

Cuando entendemos estos principios, eso nos da paz. No estoy tratando de ser el salvador de nadie. No estoy tratando de ser el redentor de nadie. Estoy tratando de ser fiel y de animarte a ti a actuar de manera fiel también.

Nunca será un proceso limpio y ordenado. No finjas que lo es. Sin embargo, sí puedes ser fiel en medio de una situación desordenada, y ésa es la meta.


Leave a comment